Cuando niña no practique lo que deseaba, ni puede tomar clases, por las limitaciones económicas de mi familia. Cuando joven, me convertí en madre y viví para sobrevivir así que el baile quedo en mi corazón.
Ahora mis hijas son adolescentes, a ellas les ofrecí el baile y no lo tomaron, sus cuerpos no lo necesitan, pero el mío sí, y también mi espíritu.
Desde hace un año me doy la oportunidad de tomar clases de baile y soy feliz ahi, a veces me veo al espejo y me veo vieja, me gustaría haberlo hecho desde antes, ser bella, y bonita y bailar y ser reconocida en un escenario y que la gente se encante con mi magia y mis movimientos. Pero aun no estoy en ese nivel y no se si lo estaré, no sé si seguiré motivándome a mi misma y dejar de ser el único espectador de mi baile frente al espejo.
El baile, mi liberación, mi escape.

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